Desgracia Ajena

Qué lindo es reírse de la desgracia ajena… Hoy iba yo muy alegre manejando por las calles de Montevideo, cuando paro en un semáforo de Yaguarón, miro a la derecha y un muchacho con una carpeta bajo el brazo, pisa en falso, se le dobla la pierna y mientras trata de no tirar nada va cayendo suavemente hacia el piso, el tema es que metió un cambio de prioridades en el medio y tiró la carpeta con los papeles a la mismísima mierda para no limarse la cara contra el piso, la cual igual se golpeó, generando una especie de mini bombita atómica, donde el hongo de la explosión fue dado por los papeles volando y el epicentro fue el sonido de la cabeza rebotando contra el suelo.

La verdad fue un instante que duró siglos… ni bien cayó escuché una carcajada antes de siquiera poder esbozar la mía propia. Luego la dueña de la carcajada lo ayudó a “incorporarse” (siempre quise usar esa palabra para algo), el semáforo se puso en verde y todos seguimos con nuestras vidas.

El tema, o la cuestión, es la siguiente… ¿hasta qué punto es sano reírse de la desgracia ajena? si cambio al muchacho por una vieja decrépita, y me río, ¿soy un hijo de puta? Qué pasa si ahora la vieja evoluciona a “la vieja con carrito”, de esos de dos ruedas y dos patas; con imaginarme al carrito volando hacia alguna persona ya se me dibuja una sonrisa, aparentemente, impulsada por el mismísimo Satán. El límite entre reírse de la desgracia ajena y el humor negro es tan confuso como el límite del Océano Atlántico y el Río de la Plata, más o menos sabemos que dicen que está en Punta del Este, pero en el agua no hay nada marcado, los Río Platenses y los Atlánticos pueden ir de un país al otro sin tener que presentar cédula o DNI…

El humor negro es como las piernas, hay gente que tiene y gente que no. Ahora, de la desgracia ajena nos reímos todos. Y ahí es donde radica el principal argumento para la existencia de Dios. Si yo fuera Dios, querría pasarme todo el tiempo divirtiéndome. ¿Y qué mejor idea que crear al ser humano para reírme de sus desgracias? Desde niños arrancan siendo graciosos, vomitando, cagándose encima, sin poder caminar… van creciendo y se van golpeando, cayendo, lloriqueando… más tarde llega la adolescencia, no hay bicho más sufrido que un adolescente, yo creo que Dios hizo la adolescencia basándose en la clásica mula caminando en círculos con una zanahoria colgando delante suyo, solo que al animal le dio forma humana y le puso un bloque para que se vaya golpeando. Luego el adolescente crece y enfrenta “la realidad”: TRABAJAR, si parece joda, a nadie le gusta trabajar, sino directamente en vez de trabajo se llamaría entretenimiento, o divertimento. Pero lo bueno para Dios, no termina ahí, sino que a la misma persona que trabaja le hace tener hijos, o sea, la fábrica de divertimentos no se le acaba!.

Por si esto fuera poco, la persona que tuvo hijos, pasa por sufrir/disfrutar hijos niños, adolescentes y jóvenes, a esto sumale que se está volviendo viejo y va por la calle con el carrito, se resbala, se cae y un pelotudo en un semáforo se le caga de risa. La Biblia dice que Dios hizo al hombre a imagen y semejanza lo cual ratifica que tenemos el mismo sentido del humor.

Dios existe, y es un cínico, igual que cualquier ser humano.

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