Políticamente hincha bolas.

La liviandad con la que se toma la palabra subjetividad hoy en día es despreciable y casi morbosa.

Si te pasas diciendo que el ser humano es una mierda, además de tener razón, te toman como un hijo de mil treinta y tres putas, pero si al final de la frase agregamos el sufijo “pero ojo, es subjetivo”, no solo que la mitad de los que te escuchan dejaron de entender lo que estabas diciendo, sino que pasaste de ser un vejiga a un intelectualoide.

La gente piensa: “lo enuncia subjetivamente, entonces no es tan así que lo dice, porque claro, es subjetivo… Cuánta razón tiene este señor”. Por cierto y abriendo un paréntesis en esta dictadura de palabras y razonamiento que vengo haciendo, ¿se dieron cuenta que todas las personas que te dicen “no es tan así” nunca terminan diciéndonos cómo realmente es?

La falta de objetividad a la hora de subjetivizar todo comentario, por miedo a quedar mal o a ser un sorete con crema es una falacia, lo cual a priori no tiene sentido y a posteriori tampoco, pero la palabra falacia me da gracia y además la explicación queda en versito. Esto está creando tanta falsedad en el día a día que ya nos impide ver a las personas a la cara para conversar y decirles lo que realmente pensamos, matizamos todo con tal de ser políticamente correctos para no herir susceptibilidades. Al final es como un eterno pedirse perdón a uno mismo por no decir lo que realmente pensamos. “¿Vos qué pensas del deterioro del cuerpo con el paso del tiempo?” – “Que es una mierda, pero ojo, es subjetivo, sobre gustos no hay nada escrito, hay gente que le gustan los viejos, es más yo tengo un amigo gay, negro y viejo”.

¡¡¡Mirá si no va a haber nada escrito sobre gustos!!! ¡Te comiste todos los tratados sobre estética papu, que te cagues en ellos no quiere decir que no existan!

Sin embargo, para hacer fuerza desde el otro lado de la balanza, hace unos añitos ya, nació el segundo mejor invento del mundo después de la sopapa, como no podría ser de otra manera, es una “ella”, es: “la internet”. En ella se compensa toda la subjetividad cotidiana que vivimos día a día, ahí todos somos objetivos, todos somos genios mejores que el resto, pues nuestra opinión es mejor porque es nuestra, pero lo mejor de todo es que, ahí, nadie nos conoce, ahí se libera la bestia, en cada comentario de una noticia de diario, revista o programa, el ser humano vomita toda la objetividad guardada, no importa lo que sea, mi opinión es mejor que la tuya y vos sos imbécil por no coincidir conmigo, ahí es donde mi falta de autocrítica me da vergüenza ajena, ahí es donde nos damos cuenta que todo lo que no es nuestra opinión es una estupidez, ahí es donde todas las personas que no son yo son una mierda, pero ojo, es subjetivo.

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