Con la emoción en el tiempo.

Últimamente ando con el cosito de emocionarme fácil prendido. No sé cómo miden ustedes sus “últimamentes”, pero el mío tiene un período de validez como de dos o tres meses…

Recién me emocioné un cacho porque alguien me comentó que su madre la quería ver. La quería ver porque la extrañaba. Y si ella no iba a la casa el próximo fin de semana, entonces viajaría 280 kilómetros, aunque sea solo para verse a los ojos. Porque extrañar a alguien, hoy que estamos todos comunicados al instante, es extrañar verse a los ojos, o dar un abrazo, o conversar un rato, o hasta capaz que es tomar unos mates juntos en silencio… Esto me lo comentaron recién… y no sé cómo miden ustedes sus “reciénes”, pero este recién mío fue hace ya como tres horas…

La otra noche viajé a Buenos Aires a ver a los Foo Fighters. Es la tercera vez que los veo. Son para mí la mejor banda de rock del mundo hoy. El espectáculo fue increíble, desde los temas que eligieron hasta la fuerza que metieron. Cuando tocaron Everlong, el último tema del show, hubo un momento en el que todo el estadio de Vélez estaba cantando, en el que los músicos estaban tocando al palo, en el que yo estaba saltando en un mar de desconocidos, en el que me di cuenta que otra vez estaba disfrutando de una de las bandas del mundo que más me gustan. En el momento que me di cuenta de todo eso, ahí me emocioné, se me salieron lágrimas de emoción y felicidad mientras gritaba y saltaba en un mar de gente. Esto fue la otra noche… y no sé cómo miden ustedes sus “las otras noches”, pero, para mi, la otra noche fue antes de ayer.

El otro día estaba con mi viejo poniendo unas rejas para la casa que compré. Mientras la amurábamos en la ventana, hubo un momento en el que no había en mi cabeza ni pasado, ni futuro, mientras me pedía herramientas y sostenía la reja, fue como si el tiempo se le antojara andar más lento y de repente me emocioné. Con un corta fierros en una mano y con la otra mano sosteniendo una reja, estaba conmovido por lo que estaba viviendo. Me acordé de una foto del padre de mi padre, en esa foto, mi abuelo estaba podando un ciruelo. Me di cuenta que nadie nos estaba sacando una foto poniendo la reja de mi casa juntos. Yo cuando tenga la edad de mi viejo no iba a tener la foto que tiene mi viejo de su padre que ya no está físicamente. Fue en ese momento que me descorcharon los ojos. Fue como si mi yo del futuro me estuviera pidiendo una foto. Con la cara llena de cachos de escombro finito que habían ido saltando y los ojos a punto de desbordar fui a buscar el celular y le saqué una foto medio a escondidas. Después mi viejo, mientras casi se le cae la reja me pegó el grito “¿qué mierda haces con el celular Gastón? Vení que se me cae la reja, boludo”. Guardé el celular como pedo, me pasé la manga por los ojos y terminamos de poner las rejas. Esto pasó el otro día… y no sé cómo miden ustedes sus “otros días”, pero el otro día mío fue hace como dos meses.

Ahora sé que, en el futuro, voy a estar mirando la foto de mi viejo poniendo la reja de casa y me voy a emocionar tanto, que voy a viajar al pasado a pedirme que saque la foto en ese instante, para poder seguir viendo la foto que tengo en la mano. Esto que sé “ahora” es mientras estoy escribiendo, pero no tengo ni puta idea de cuándo es ese “en el futuro”. Capaz que algunos de ustedes me pueden decir cómo miden sus “en el futuro” para ponerme una alarma por si me olvido de viajar al pasado a pedirme la foto, porque realmente no me quiero olvidar de pedirme sacar esa foto nunca.

Donde menos lo esperas…

Hoy vi un fiambre. Una lionesa para ser más preciso. Estaba caminando por el supermercado del barrio cuando la vi. Ella miraba para otro lado distraída pero yo podía verla claramente. De repente se cruzaron nuestras miradas y chan, tenía que comprar 100 gramos de esa fiambre.

Saqué número en la fiambrería y faltaban tan sólo siete números para que me atendieran. El fiambrero que atendió es la persona más lenta que he visto en toda mi puta vida. La ansiedad fue ganando terreno en mí, cuando la señora que tenía el siguiente número no dejaba de pedir tipos de fiambres diferentes. Mientras tanto, la lionesa y yo nos mirabamos a los ojos, no podíamos creer cómo el universo conspiraba para que demoremos tanto tiempo en juntarnos.

Mirándonos a los ojos nos juramos amor eterno y soñábamos con secuestrarnos y salir corriendo del supermercado sin pagar. Ir a vivir al extranjero donde nada ni nadie nos pudiera mantener alejados jamás. En eso la señora termina sus pedidos y ahora pasan a faltar tan solo 6 números. La lionesa y yo rezamos y le pedíamos al cosmos que el resto de los clientes pidan pocas cosas y que el fiambrero se apure en realizar los pedidos. Pero el universo estaba en otro lado esta tarde, simplemente no nos escuchaba.

El quinto cliente solo pidió 4 panchos sueltos, el tercero pidió 150 gramos de muzzarella, el segundo pidió 200 gramos de jamón y cuando solo quedaba una persona delante mío, la lionesa y yo nos imaginábamos ya besándonos como dos adolescentes en cumpleaños de quince, de esos que no sabes dónde empieza uno y termina el otro.

Finalmente el fiambrero dice en voz alta mi número, el 73, contento y enamorado le pido 100 gramos de lionesa. No podía esperar más, estaba ansioso y un poco nervioso. Cuando de repente la empieza a cortar en fetas. La estaba asesinando delante de mi vista y yo no podía hacer nada, por unos momentos había olvidado lo que le sucede a los fiambres, la había idealizado, había dejado que mis emociones nublaran mi juicio.

El fiambrero me la dio envuelta en nylon, ella estaba ya fría e inerte. Desde adentro de la vidriera, el resto de los fiambres me gritaban “asesino”, “si la amabas, por qué la mataste?”. Envuelto en la culpa corrí hacia la caja del supermercado a pagar por la fiambre y huir.

Pagué, no doné dos pesos para no me acuerdo qué cosa, la agarré a ella en la bolsa y cuando iba saliendo del local, ya triste, me di cuenta que me olvidé de comprar pan para hacerme el sánguche.

Qué palabra larga “Teletransportación”

Hay un gran filósofo contemporáneo que dice “el camino es la recompensa”. Cómo se nota que ese señor no sale de un boliche en invierno a las 6 de la mañana y tiene que emprender el camino hacia su casa en ómnibus… en ese momento te cagas en el camino y pagarías tu peso en oro por tener la capacidad de teletransportarte.

Esto es algo que a todo viajante nocturno se le ha ocurrido, y no contento solo con pensarlo, si está con alguien se lo comenta… Si está solo y lo comenta igual, tengo malas noticias para ese individuo, pero depende del estado etílico en sangre, si es elevado, no hay problema, puede comentar en voz alta todo lo que quiera, eso sí, ojo con las cunetas al caminar, están más cerca de lo que realmente se ven, lo digo desde la experiencia, las cunetas de este país son traicioneras, nada tiene que ver con el alcohol, son las cunetas mismas que están malditas y lo aspiran a uno cual agujero negro de película en el espacio exterior no explorado.

Volviendo al tema de la teletransportación, habilidad que sería maravillosa de tener, como para no tener que perder tiempo viajando de un lado para otro como hormigas en un hormiguero, o en cualquier lado, total las hormigas andan parriba y pabajo todo el día en todos lados… Pero tratando de no irme por las ramas (donde también hay hormigas), sigamos con la teletransportación, sin dudas tendría muchos pro, pero también muchos contra, pero no voy a enumerar a ninguno, porque no me interesa, sino que vamos a ver los hechos factibles que aparecerían en caso de existir dicha habilidad de tan larga palabra para escribir y que además Word no la toma como propia, me la quiere partir en tele transportación, cosa con la cual no estoy de acuerdo porque yo no quiero transportar televisores (chiste fácil que no podía dejar de hacer, aunque podría separar la palabra en tres: tele trans portación, lo cual querría decir travestis en la tele portable).

Siguiendo con los hechos que surgieran de la posibilidad de tener dicha palabra dentro de nuestro abanico de habilidades (me zarpé usé la palabra abanico). No existirían más las calles, puesto que no las necesitaríamos más, ni tampoco estropearíamos el medio ambiente con los vehículos a combustión, nos sentiríamos como ciudadanos del mundo y no de determinado país o continente porque podríamos pertenecer a cualquier lado en el momento que quisiéramos, no nos ataríamos a las cosas materiales ya que sería muy fácil que nos las roben… O sea que mejoramos la Tierra, eliminamos fronteras y nos desapegamos de lo material!!!

Solo con eso yo ya estoy a favor de la teletransportación, así que señor Dios, largue el referéndum nomás para pegarnos una habilitada de teletransportarnos, queremos teletransportación legal ya! Y como no levante ese referéndum en breve, le vamos a ir a cortar los puentes al cielo, porque nosotros los ambientalistas de la teletransportación no andamos con chiquitas, le vamos a piquetear el pulgatorio ese que tiene ahí y le vamos a cagar a pedradas el Carlos Gutiérrez (casa de electrodomésticos) del Cielo.

Pocho, los que van a morir te saludan, o algo así era…

El amor cura.
Y sino, mirate.
El amor daña.
Y sino mirame.
Y viceversa, salame.

Estar enamorado es una enfermedad venérea de la cual, cuando te curas duele y lo queres de nuevo. Es adictivo. Es droga. A nivel químico, el muy sorete, funciona casi igual que cuando te drogas, o cuando estás alcoholizado.

El amor dura poco si lo comparamos con lo que puede llegar a vivir un árbol, pero un minuto enamorado es un universo de segundos.

Evolucionamos a partir de problemas que resolvemos, de muros que derribamos, de montañas que cruzamos, de tiros que esquivamos y de cuchilladas que nos damos.

Vengan de a uno o todos juntos, vengan recuerdos y vení vos también “Un día como hoy de facebook” y la concha bien de tu madre, haceme mal, revolveme bastante las heridas cerradas y las tripas, desgarrame por dentro un poco más, haceme un poco más rebelde, hacé que me ría más de mí mismo y de mis desgracias. Tratá de suicidarme más veces. Rompeme. Porque cuando me vuelva a armar voy a ser mejor. Porque como dice la Pastilla: lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado.

De a poco, el pibe que fui, vuelve. La sonrisa, esa que es tan ámplia que además muestra los colmillos, es mi bandera hoy de vuelta.

Dá una mano, abrazá fuerte, mirá a los ojos, reite, queré al mundo, cerrá los ojos, no te des por vencido nunca y confiá en vos. La locura es tuya. Demostrá que no tienen razón y que vos tampoco, porque tener razón nunca importó, lo que importó fue crecer.

No me sofoques, me voy a la taberna, a drogarme, mamarme o enamorarme.

La vida es eso que pasa entre siesta y siesta.

Una de las cosas malas que tiene internet es que te lleva por los caminos más recónditos de su laberinto, cuando queres acordar estás buscando en Google cómo masajearte el dedo gordo del pie para que no se te encarne la uña del dedo gordo del otro pie. Y de esta forma fue que llegué a encontrar la definición de la palabra verbo. Resulta que “el verbo es una palabra, con estructura bimembre, que indica acción (comer, dormir, jugar, correr, saltar, pensar, dibujar), estado de ánimo (reír, llorar, parecer, suspirar, soñar) o acontecimientos de la naturaleza (nevar, llover, temblar).

Ya que me aparezca en rojo y subrayado “estructura bimembre” me da como para hacer dos o tres chascarrillos, desde que el señor Verbo tiene dos miembros, llegando a la conclusión que debe ser oriundo de Japón o de Ucrania que parece que está de moda en esos lares tener más de un miembro, verde y fluorescente… pero no me quiero centrar en el chiste fácil y tonto que tanto me caracteriza.

Lo que realmente me llamó la atención de esto, es que cuando pone el ejemplo de una acción, aparece la palabra “dormir”, cuando leí dormir, entendí por qué la humanidad está como está. Claro, porque una acción puede ser: roncar, acomodar la sábana, girar la almohada para tener la parte más fresquita en la cara, pero ¿dormir? ¿En serio? ¿Lo vamos a calificar como una acción? ¡Si no hacemos nada!

Bueno no hacer nada es un decir, porque en realidad a veces cuesta dormirse, cuando sos niño le tenés miedo al cuco de abajo de la cama, con lo cual te proteges tapándote con la sábana hasta la cabeza, si realmente hubiera un cuco debajo de la cama seguramente le indigesten las sábanas, o bien la idea de comer niño envuelto no le seduce. Ya de adolescente las razones que te mantienen despierto son otras, a no ser que mires una película de terror, si, esas películas nos retrotraen al niño que fuimos, y esto nos lleva a hacer una de las acciones menos inteligentes a lo largo de la historia de la humanidad, mirar debajo de la cama; pero si está ahí el cuco, ¿qué hacemos? ¡No tenemos plan B!, ¡nos come y punto! El adolescente además del miedo, lo mantiene despierto otra cosa, tener en el pensamiento el chico o chica que le gusta, eso y las pajas, es que van de la mano(tucu tum pss)… y eso que todavía no nombré internet como dispositivo de insomnio… ¡que hay ahí porno gratis!

Podemos llegar a la conclusión que a medida que crecemos tenemos, la cantidad de dispositivos de insomnio va aumentando potencialmente… pero nosotros seguimos recurriendo a técnicas de somnolencia ancestrales, como es “contar ovejas”, este método hay que admitir que es efectivo, porque no hay bicho más aburrido que una oveja y uno se duerme del aburrimiento, pero puede provocar mal humor cuando te perdés en la cuenta y tenés que meterlas al corral de nuevo para contarlas otra vez… es todo un tema. Además es una solución solo para la gente simplista. Porque hay personas que no saben cómo imaginarse a las ovejas, si esquilada, negra, blanca saltando el corral, por un pasillo cercado de madera, en el campo, alrededor de su cama (si de paso salen de abajo de la cama, te haces una ensalada bárbara pensando que el cuco dejó abierto el corral y, a la mierda sueño: “hola sábana hasta la cabeza”). Si contar ovejas falla, un vaso de leche tibia es la pócima del sueño, que no falla ni que te mandes unas líneas de merca. Lo complicado acá es que da pereza calentar la leche en el cazo, pero si la calentas en el microondas, el “peep” a las 3 de la mañana es capaz de despertar a toda la cuadra.

En definitiva, pienso que a dormir le dieron un lugar dentro de los verbos, porque cuando uno no se duerme, tiene que “hacer” muchas cosas para lograr ese estado tan deseado de descanso y cuando lo lográs, no falta ese vecino hijo de puta que acaba de calentar su vaso de leche en el microondas y te despierta.

¿Cuál es tu técnica para dormirte?

Psicotécnico

Hacía tres meses que había cumplido dieciocho años cuando me postulé a mi primer trabajo “oficial”.

Pasé una prueba psicotécnica en la cual me hacían completar secuencias tipo matemáticas, hacer un dibujo y escribir un cuento. No recuerdo muy bien el dibujo y mucho menos me acuerdo de las secuencias, pero hoy recordé de nuevo el cuento. Cada tanto lo vuelvo a recordar, y casi siempre creo que lo recuerdo igual. La consigna era escribir un cuento con moraleja.

Les voy a contar el primer cuento que se me vino a la mente cuando me pusieron la hoja en blanco adelante, este cuento lo había leído unas semanas antes de postularme al puesto de trabajo. Mejor dicho, les voy a contar el recuerdo que tengo yo de aquel cuento que conté en esa, mi primer entrevista laboral.

Un día, un pibe joven, yo siempre lo imagino de 16 años, no sé por qué, pero siempre lo imagino de esa edad. Resulta que este muchacho tenía que comprarle algo a un amigo por su cumpleaños. Como a una cuadra de su casa había un lugar donde vendían discos de música. Allá fue él, a comprarle un disco de regalo de cumpleaños a su amigo.

Cuando entra al local, busca un disco, pispea entre varios y luego se termina llevando Appetite for Destruction de Guns n’ Roses, no sé por qué, pero siempre me imagino que se lleva ese disco. Cuando va a la caja lo atiende la hija del dueño, una muchacha de diecisiete años. Por lo general imagino que se llama Mariana, su nombre siempre tiene tres sílabas, pero ella nunca es de Leo.

Cuando él la ve a ella, siente que el esternón le presiona los pulmones y esto le hace largar aire cual suspiro, se le aprieta un cacho el estómago y sus movimientos con los brazos al poner el disco sobre la mesa se vuelven lentisimos. Tratando de no mirarla a los ojos, fija su vista justo en el medio de las cejas, ese truco se lo había enseñado su profesora de inglés para dar los exámenes orales, le decía que a veces al ver a los ojos a la gente nos ponemos más nerviosos. Pero igual se le escapa la vista y la termina mirando a los ojos. El esternón le presiona más fuerte los pulmones, el estómago se le aprieta un poco más y le parece que el corazón le va como pedo.

La chica le pregunta si lo envuelve para regalo, y él responde que sí con la voz un poquito más aguda de lo normal. Ella escribe algo en un papel en el mostrador del fondo, envuelve el disco para regalo, se lo cobra y él se va. Al salir de la tienda decide quedarse con ese disco y regalarle un libro al amigo. Vuelve a la casa, entra en su habitación y guarda el disco en el ropero.

El ropero siempre me lo imagino de madera pintada de azul, de esos que van incrustados en la pared. Un ropero hondo con cajones llenos de recuerdos, no sé por qué, pero siempre lo imagino de puertas azules.

A él le gustó mucho ella, entonces comenzó a ir a comprar un disco todas las semanas, siempre y absolutamente siempre lo pedía envuelto para regalo. Yo siempre imagino que el papel de regalo es tipo escoces verde con líneas doradas, no sé por qué, pero siempre lo imagino verde.

Un día el pibe va al local y no está ella. Ese día solo mira los discos pero no compra ninguno. Al otro día vuelve y tampoco está ella. Al tercer día, junta valor y pregunta. El empleado nuevo le dice que la chica falleció. Le cuenta qué fue lo que pasó, pero él no escucha nada, sus pensamientos y emociones pasan a tener más prioridad que el input auditivo. Sale corriendo con una puntada en el pecho hacia su casa. Siempre imagino que sube escaleras, entra al cuarto, cierra la puerta y abre el ropero.

Del ropero saca dieciocho discos, todos envueltos en papel de regalo verde con líneas doradas. Rompe todos los envoltorios y encuentra 18 cartas en las cuales, ella siempre le dice su nombre, le da el número de teléfono del local y le pregunta si le gustaría ir a tomar unos mates a la rambla algún día. No sé por qué, pero siempre imagino que lo invita a la rambla.

En la entrevista con el psicólogo, el loco me pregunta si me identificaba con el personaje del cuento. Nervioso y sin atinar a mentir, le dije que sí, pero yo jamás, siquiera me lo había planteado. La verdad era que sí, me identificaba con el pibe del cuento y a partir de ese momento, a partir de ese instante, a partir de esa pregunta, yo lucho contra el cagón que habita en mí.

Después me dijeron que era más joven que todos los que trabajaban en ese puesto, que era exigente, que trabajar y estudiar era complicado. Yo contesté diciendo que, “como dice mi viejo, si otros pueden, yo también voy a poder”. A la semana, cuando estaba en la casa de mi amigo Daniel, me llamaron para decirme que arrancaba a laburar el Lunes siguiente. No sé por qué, pero cuando lo recuerdo, yo siempre imagino que recibo la noticia estando en la casa de Daniel.

Desgracia Ajena

Qué lindo es reírse de la desgracia ajena… Hoy iba yo muy alegre manejando por las calles de Montevideo, cuando paro en un semáforo de Yaguarón, miro a la derecha y un muchacho con una carpeta bajo el brazo, pisa en falso, se le dobla la pierna y mientras trata de no tirar nada va cayendo suavemente hacia el piso, el tema es que metió un cambio de prioridades en el medio y tiró la carpeta con los papeles a la mismísima mierda para no limarse la cara contra el piso, la cual igual se golpeó, generando una especie de mini bombita atómica, donde el hongo de la explosión fue dado por los papeles volando y el epicentro fue el sonido de la cabeza rebotando contra el suelo.

La verdad fue un instante que duró siglos… ni bien cayó escuché una carcajada antes de siquiera poder esbozar la mía propia. Luego la dueña de la carcajada lo ayudó a “incorporarse” (siempre quise usar esa palabra para algo), el semáforo se puso en verde y todos seguimos con nuestras vidas.

El tema, o la cuestión, es la siguiente… ¿hasta qué punto es sano reírse de la desgracia ajena? si cambio al muchacho por una vieja decrépita, y me río, ¿soy un hijo de puta? Qué pasa si ahora la vieja evoluciona a “la vieja con carrito”, de esos de dos ruedas y dos patas; con imaginarme al carrito volando hacia alguna persona ya se me dibuja una sonrisa, aparentemente, impulsada por el mismísimo Satán. El límite entre reírse de la desgracia ajena y el humor negro es tan confuso como el límite del Océano Atlántico y el Río de la Plata, más o menos sabemos que dicen que está en Punta del Este, pero en el agua no hay nada marcado, los Río Platenses y los Atlánticos pueden ir de un país al otro sin tener que presentar cédula o DNI…

El humor negro es como las piernas, hay gente que tiene y gente que no. Ahora, de la desgracia ajena nos reímos todos. Y ahí es donde radica el principal argumento para la existencia de Dios. Si yo fuera Dios, querría pasarme todo el tiempo divirtiéndome. ¿Y qué mejor idea que crear al ser humano para reírme de sus desgracias? Desde niños arrancan siendo graciosos, vomitando, cagándose encima, sin poder caminar… van creciendo y se van golpeando, cayendo, lloriqueando… más tarde llega la adolescencia, no hay bicho más sufrido que un adolescente, yo creo que Dios hizo la adolescencia basándose en la clásica mula caminando en círculos con una zanahoria colgando delante suyo, solo que al animal le dio forma humana y le puso un bloque para que se vaya golpeando. Luego el adolescente crece y enfrenta “la realidad”: TRABAJAR, si parece joda, a nadie le gusta trabajar, sino directamente en vez de trabajo se llamaría entretenimiento, o divertimento. Pero lo bueno para Dios, no termina ahí, sino que a la misma persona que trabaja le hace tener hijos, o sea, la fábrica de divertimentos no se le acaba!.

Por si esto fuera poco, la persona que tuvo hijos, pasa por sufrir/disfrutar hijos niños, adolescentes y jóvenes, a esto sumale que se está volviendo viejo y va por la calle con el carrito, se resbala, se cae y un pelotudo en un semáforo se le caga de risa. La Biblia dice que Dios hizo al hombre a imagen y semejanza lo cual ratifica que tenemos el mismo sentido del humor.

Dios existe, y es un cínico, igual que cualquier ser humano.

El bien o el mal no dependen de la madurez.

Madurar no es cumplir años, es esquivar un pozo lleno de agua, un día de lluvia para no ensopar al que va caminando por la vereda, pero hasta ahí, porque si esquivas el pozo inconscientemente y después que te das cuenta de lo que hiciste, buscas un pozo para empapar al primero que se te cruce, seguís siendo un inmaduro de mierda (mi caso).

En la vida nos vamos a cruzar con gente que hace el bien por inercia y con gente que hace el bien a propósito. Si seguimos usando el ejemplo del conductor y el pozo de agua en la calle, el que hace el bien por inercia es el que esquiva el pozo sin querer, y el que lo hace apropósito es uno que antes de esquivar el pozo, te toca bocina y te hace cambio de luces, sacándose cartel de que esquivó el pozo y no te mojó (complejo de superhéroe).

Yo soy del primer tipo, el que hace el bien sin querer y además es inmaduro… Es que con este tiempo que ahora llueve a cántaros (llover a cantaros, etimológicamente, la segunda parte es anglo-española y se separa por CAN por un lado y TARROS por otro, tarros al unirse a otra palabra se le saca una “r” para que suene menos agresiva y así salió… can es “poder”, o “tener la habilidad de:”, por lo tanto quiere decir “pueden llover tarros de agua”). Y con la etimología de llover a cántaros me olvide de qué era lo que estaba escribiendo, pero no importa, quedó pintoresco.

Ya me acordé (en realidad releí lo que había escrito). No todo en la vida es gente queriendo hacer el bien, también hay gente que quiere hacer el mal, como Darth Vader, Voldemort o Manuelita la Tortuga, pero en la vida real, o sea, de la pantalla hacia nosotros y no al revés. Hay dos tipos de personas que quieren hacer el mal, el que lo hace por inercia y el que lo hace a propósito. El que hace el mal por inercia, siempre es culpa de sus padres, y si no es de los padres, seguro que no es propia, alguien lo debe haber fajado de chico. Siempre la culpa es de otro; múltiples películas y animé te muestran que un trauma de niño-adolescente te puede hacer creer que lo estás haciendo es bueno, ejemplo: “-voy a matar a todos los niños del instituto para que dejen de sufrir la vida, que bueno y misericordioso soy” y la voz a su hombro, a la derecha le contesta “-claro que si campeón, y luego ponte a bailar rumba”… Se nota a la legua que las papas de esa tortilla tenían hongos…

Por otro lado, tenemos al que hace el mal a propósito, el típico villano de película o dibujito animado sin sentido, como el Guasón, un tipo bastante divertido, pero así como te contaba un chiste te metía un lápiz nuevito entero en el ojo (un lápiz que bien podría haber escrito miles de reinglones de texto, pero no, tuvo que terminar incrustadito en el cerebrito de alguien). [Estos seres], son [gente mala] por [naturaleza], esto quiere decir que si pasamos [gente mala] para el otro lado de la igualdad, nos queda [estos seres] dividido [gente mala] = [Naturaleza].  Y con esta pavada hacemos un descubrimiento del re carajo. Es como decir que equis tiende a infinito, y cuando infinito está seco, lo destiende, lo dobla y lo guarda en el ropero (así se creó Narnia, pero esa es otra historia).

Si algún día los empapa un auto gracias a un pozo en la calle, sepan que, o bien es un tipo malo por naturaleza o un inmaduro que ya hizo el bien por inercia con el pozo anterior, y a ambos por igual se les puede gritar “HIJO DE REMILPUTA”.

 

¿Por qué existe esto?

Escribo porque es gratis. Porque puedo. Porque estoy vivo. Porque no estoy muerto. Porque necesito un lugar donde ir a leer lo que pienso cuando ya dejé de pensarlo. Porque el Estado uruguayo invirtió en que exista la escuela pública en la que me enseñaron a escribir. Porque calma. Porque tengo cosas que contar. Porque me gusta. Porque no tengo algo mejor que hacer. Porque tengo teclado. Porque sé la diferencia entre vaca, baca y baka. Porque soy un imbécil. Porque me gusta escribir algunas palabras. Porque es un reto. Porque me gusta escribir como hablo. Porque me gusta leer lo que la gente escribe. Porque sana. Porque duele. Porque llueve. Porque está soleado. Porque es de noche. Porque es de día. Porque la Tierra es plana. Porque la Tierra es cónica. Porque el Sol se va a apagar. Porque tu viejo es zapatero. Porque compramos cargadores externos de celulares para cargar una batería más Pequeña que el cargador mismo. Porque me gusta ponerle tilde a las palabras esdrújulas. Porque márketing llevaría tilde. Porque Frodo perdió el dedo. Porque Kvothe sabe pronunciar el nombre del viento. Porque vuelvan los hijos a la Tierra. Porque existe la magia. Porque dejo mensajes ocultos en todo lo que escribo. Porque sabemos todo, pero no nos acordamos. Porque soy un triángulo que mira parriba. Porque el viento aviva el fuego. Porque estamos hechos de momentos. Porque estamos rellenos de sentimientos. Porque somos las desiciones que tomamos. Porque no mido las consecuencias de todos mis actos. Porque mido al detalle las consecuencias de mis actos. Porque tengo sueño. Porque no puedo dormir. Porque escucho música. Porque decimos que destruimos el planeta pero en realidad estamos destruyendo al ser humano. Porque soy positivo. Porque tengo suerte. Porque soy positivo porque tengo suerte. Porque me gusta el caos. Porque es una escalera. Porque el orden de los factores no altera el producto. Porque los aviones vuelan. Porque los submarinos nadan. Porque los submarinos y los aviones están hechos con los mismos materiales.

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