Wo bist du Kid?

Yo que busco ponerle un poco de magia a lo cotidiano, desde Hamburgo vino magia a meterse en mi cotidianidad.

Les voy a contar una historia como si les estuviera hablando a ustedes directamente, pero con ella a mi derecha. Ella no habla español, así que cuando le hable a ella le voy a hablar en inglés. I just told them that I’m gonna tell them a story as if you were sitting next to me, so I’m gonna just tell them the story in Spanish and I’ll change to English (and maybe a little bit of German) when I speak to you.

Fui al Fin del Mundo junto con alguien con quien estoy dispuesto a cruzar el infierno descalzo solo para hacer un asado. Ushuaia es un lugar donde casi no se ve el horizonte, siempre hay montañas en el retrovisor y más montañas en el camino.

Creo que fui hasta el Fin del Mundo para soltar algo. Porque así como las puertas son salidas y también entradas, parece que, sospechándolo pero sin saberlo, fui al Fin del Mundo a buscar un principio. No solo andábamos sin buscarnos, sino que ni idea teníamos que nos íbamos a encontrar y menos sabíamos todavía que nos íbamos a contar cosas que probablemente nunca nadie más las escuche de nuestra boca. Because as we spoke, it wasn’t by chance or by luck, it was fate, it was the Universe, it’s like it is for kids: Magic…

Recuerdo casi perfecto la primera vez que la vi en la cocina del hostel, ella estaba escribiendo algo en su cuaderno mientras yo escribía algo en el mío, en ese momento yo escribí las primeras dos oraciones del cuarto párrafo de este texto. Me llené de curiosidad y me pregunté: -¿sobre qué estaría escribiendo esta desconocida? If someone had told me at that very moment that we were going to share a cup of coffee in the kitchen of a small house a block from the beach in Uruguay I wouldn’t believe it.

En nuestra última noche en el Principio del Mundo, la encontré en el living del hostel escuchando música. Today I suppose you were listening to AnnenMayKantrereit. Cuando digo que la encontré es porque apareció tras prender la luz. Había entrado, estaba oscuro y ni la había visto, ella apareció junto con la luz, lo primero que hizo fue reírse, supuse en aquel momento que fue por mi cara de sorprendido. Para romper el silencio y mi cara de tarado le pregunté si era maga por su aparición de la nada. After that I tried to convince you to do the Penguins tour with Piratour so you could see them “face to face”… Why would you want to see a bird that doesn’t even fly? They are black and white, those fucking birds doesn’t even have nice colors. They are not cute at all and they spend their entire life with the same other penguin… I still remember your answer: – Fuck you!- Dann hat sie ihre Mutter gefragt, was sie tun würde. That was the first time I made fun of you telling you that you were a kid.

Esa noche, ella dijo que quizás de camino a Brasil pasaría por Uruguay, entonces intercambiamos cuentas de Instagram, quedamos en contacto y si podía le iba a mostrar algo de Montevideo.

Así fue que un tiempo después me encontré esperándola en Tres Cruces, estaba nervioso, el corazón me latía fuerte, pero no tenía ni puta idea por qué. Y yo que siempre rompo los huevos con que “Donde te lata fuerte el corazón, es ahí”, lo único que hacía era darme una razón para convencerme de seguir por ese camino.

Le mostré Montevideo desde la Ciudad Vieja hasta la Intendencia, hasta el Parque Rodó y de ahí a la Rambla. Fue como caminar de nuevo de forma cronológica desde que arranqué a laburar hasta hoy, mostrándole plazas me fui acordando de todas las personas que alguna vez esperé después del trabajo y otras que alguna vez me esperaron que salga. And without even knowing it I was giving you a tour through Montevideo and also through all my scars.

Al otro día tocó conocer alguna playa, hacer un asado, dormir una siesta al Sol mientras ella leía y ver un atardecer de esos en los que el Sol va zambulléndose en el mar hasta desaparecer. Después de que el Sol se fue, el viento estaba congelado, así que volvimos e hicimos un café, yo la arranqué a molestar diciendo que ella era una niña por su forma de argumentar, por cómo metía cosas en el carro del supermercado y por sus expresiones… I was eating cookies and messing with you saying that you are a kid just because of the same reasons I say I’m still a kid, still a collector of coincidences.

No recuerdo qué estaba buscando en mi mochila cuando terminé con mi cuaderno en la mano y le conté que escribía en un blog, en seguida abrió los ojos con la curiosidad de una niña a la que le traduje en voz alta las quince páginas de los pensamientos y sentires que había escrito durante el viaje. I translated to you the whole notebook, but I remember we stopped in a particular phrase “I won’t let fear guide my steps”.

Después ella fue a buscar su cuaderno y me tradujo en voz alta todo lo que escribió en sus dos meses de viaje y se detuvo especialmente en el último texto, el que yo la vi escribiendo en Ushuaia en la cocina del Hostel. After you translated me that last text with glassy eyes I recognized we had let go the same wound in the End of the World, and also with glassy eyes I told you about my wound.

Los dos con ojos vidriosos and a smile on our face nos abrazamos and since that moment, esa herida we talked about, esa que había arrancado a sanarse in the Beginning of the World se terminó de convertir en cicatriz.

El Coleccionista de Coincidencias.

Después de haber recibido un Hacha al Pecho estuvo un par de años vagando zombi, viviendo por inercia, como dormido. Hasta que un día se le dio por Viajar.

Al volver, bajó del avión y sintió que estaba vivo de nuevo. Había algo distinto alrededor. Fue como si después de mucho tiempo de estar con la nariz tapada, pudiera al fin respirar con ambas narinas totalmente despejadas.

Sin darse cuenta del todo, se metió en el mismo miedo del que tanto había estado corriendo. Un día, después de un abrazo por la espalda lo frenaron en seco. Le pegaron en cada una de sus inseguridades, pero él ya se había prometido curarse. Fue demoliendo esas inseguridades cual muros a cabezazos una a una, hasta que abrió la puerta de su cuarto, dejó que el viento abriera de golpe la ventana, que rompiera el espejo, para así poder ver más allá de su reflejo. A partir de ahí dejó de buscar fuera de sí mismo lo que tenía que salir de dentro.

Al grito de “¡sacamela tres cuartos Universo!” terminó de limpiar esa resaca del zombi anterior al viaje, que no se quería ir del todo. Y, el Universo, riéndose de la ocurrencia, en un Instante le dio a tomar un té extraño, como hecho de Magia para que su corazón tome el timón del ser y pueda decir “Renuncio a no ser quien quiero ser”.

Ahora siguiendo su camino, con la mente como aliada, el ego apaciguado y un poco más domesticado. Aprendió que los caminos no mienten y que, por suerte, no se puede escapar de uno mismo.

Ya con esa sensación de estar todo lo vivo posible de nuevo, camina con un manojo de coincidencias diatónicas en sus manos, su corazón va con la sinceridad que nadie le pidió, buscando dentro de sí mismo su propia arquitectura de la paz. Dejando que sean sus ojos los guías y siendo ahora, después de ya demasiado tiempo, además de un apasionado de estar vivo, un romántico enamorado de la vida.

Renuncio

Cada tanto me descubro viviendo por inercia. Como si viviera durmiendo. Es como que le cerrara los ojos a estar todo lo vivo posible y esté encadenado a lo que me hace mal. Son como cuerdas que me quedan atadas desde el pasado, hasta que llega un viaje o una persona… o un viaje y una persona, que me despiertan.

Despertar es dejar de huir para enfrentarme a mí. ¿Pero qué es enfrentarme a mí? Es buscar, encontrar y dejar que duela lo que tenga que doler. Después, al dolor darle un abrazo y una buena patada en el orto.

Despertar es dejar de echarle la culpa al pasado por mis actitudes del presente. Porque así nunca me voy a dejar querer.

Despertar es prenderle fuego a la ira para ver cómo ella también ilumina.

 Para mí, estar vivo todo lo posible, es como estar enamorado. Cuando nos enamoramos hacemos estupideces por otros, hacer esas estupideces es genial y, además, es estúpidamente divertido. Enamorate de vos mismo y vas a poder hacer esas estupideces para siempre.

Cuando estoy de viaje, siento que estoy todo lo vivo posible, y esto hace que me enamore en un segundo, porque miro a la muerte a los ojos y sé que estar vivo son dos días nomás, entonces, el sentir se me vuelve como un huracán el cual dejo que se lleve todo puesto.

Cada tanto me descubro despertando de esta inercia. Como si amaneciera en una playa fría. Es como si viera más detalles y sintiera más el cuerpo. Como si mi cuerpo sintiera menos el frío, como si entendiera cada señal, como si rotara y girara alrededor del Sol junto con la Tierra y no fuera ella simplemente un vehículo.

Pero entre el despertar y el estar despierto siempre hay momentos grises. Momentos de miedo, momentos de querer volver a dormir, hasta que al fin estamos despiertos del todo.

Siempre que me descubrí despierto siento que saco mi fortaleza de desintegrarla. Siento que meriendo todos los días con la Muerte para conversar de la vida. Ella me hace acordar que no sea boludo y que viva todo lo que pueda porque un día va a sacar mi papelito de la bolsa de nombres, va a sonar el timbre y se me va a terminar el recreo.

Siempre que de esta forma me despierto, me acuerdo de algo que una vez me prometí:

Renuncio a no ser revolución, voy a andar con el corazón por delante aunque me lo achuren, que si por algo me desgarraron el pecho fue pa’ poder sacarlo. Me niego a endurecerme, a desconfiar antes de tiempo, a ser menos humano. Voy a seguir queriendo antes de tiempo y más de la cuenta porque puedo. No va a ser el miedo el que guíe mis pasos. Y sobre todo, con lo que siento, no me voy a dar por vencido nunca.

Que mis ojos sean mi guía, no el idioma, no las palabras sino eso que tengo en la mirada.

Un instan-té.

Estaba tomando un té que sabía rarísimo. Estaba tratando de cumplir una promesa interna que me había hecho cuando alguien con lágrimas en los ojos una vez me había dicho: —Nunca dejes de escribir—.

Pero la verdad era que no sabía ni qué puta escribir. Revolvía con mi cuchara este té rarísimo mientras meditaba sobre el asunto. Lo único que sabía era que me sentía como atado. Como alguien que la vivía remando, que estaba cansado, pero seguía remando y siempre parecía que estaba en el medio exacto de un lago.

En ese instante me di cuenta de algo maravilloso. Ahí, mientras estaba tomando un té de un gusto medio atípico. Lo que comprendí en ese momento, me dejó desconcertado, me quedaron los ojos como el dos de oros. Los cuatro huevos duros que había hervido esa mañana y que ahora estaban en la heladera eran chiquititos al lado de cómo se me agrandó la mirada. Lo que me había dado cuenta era demasiado obvio para que solo yo lo hubiera “descubierto”.

Mientras tomaba ese té de sabor bastante singular yo sentía que la extrañaba. Pero tuve que dejar todo lo que estaba haciendo y sintiendo para ponerme a investigar. Tres carajos importaba lo mucho que la extrañara a pesar de que la veía todos los días. Aunque extrañar a alguien sea sentir como un vacío y que solo se extrañe a quien se quiere, yo me había dado cuenta de algo que sobrepasaba mi existencia.

Cuando la idea surgió en mi cabeza, estaba tratando de llenar ese vacío con un tecito anormal y pasatiempos boludos. Hasta casi que había dejado de escribir, lo cual es algo que me hace tener la mente, el corazón y los pies en el presente.

En el instante que me di cuenta de esto, dejé todo y me puse a googlear. Fui página tras página, buscando cuántos idiomas se hablan en el mundo. Solo seiscientas lenguas cuentan con más de cien mil personas que los hablan. En voz alta me repetí a mí mismo —Seiscientas lenguas, ¡qué lo parió!—.

Luego investigué si alguien más había tenido mi misma ocurrencia, ya que me extrañaba no haberlo visto nunca antes en mi vida. Pero no encontré nada que realmente tuviera una relación directa.

Entonces, mi mente que a veces piensa en español, inglés, portugués, alemán o francés, miró desconcertada a mi corazón y le preguntó: —¿Será posible que únicamente en el idioma castellano la traducción literal desde el inglés de “Weird tea” sea “Té extraño”? — mi corazón la miró, se rió y le devolvió la pregunta:— ¿No será que vos querés más demostrar que sos inteligente que decirle que la extrañas?— Y en ese instante, mi mente le devolvió el timón. Y yo pude terminar mi té.

Cortázar me está matando.

Era fin de semana largo y ella se había venido a quedar a casa. Fue de esos fines de semana que llueve muchísimo. El domingo ella se despertó temprano y como no se podía volver a dormir me dio un beso tirándose arriba mío para despertarme. Me miró y me dijo: —Cortázar me está matando.

Yo estaba medio dormido y no entendí nada, pero el “literario” de la pareja siempre había sido yo, así que fue como si me hubiera golpeado el cosito ese de la curiosidad. Me lo despertó antes de incluso despertarme del todo yo mismo.

—¿Me explicás eso de que Cortázar te está matando? — le pregunté mientras se acomodaba en mi hombro mirando al techo, como pensativa.

—Lo vas a tomar como una boludés, vos siempre tomás estas cosas como boludeces… Estoy leyendo Rayuela, y en una parte dice que Oliveira y la Maga leyeron en algún lado que los peces en una pecera, cuando están solos se sienten tristes, pero cuando les pones un espejo en la pecera dejan de estar tristes y están contentos.

Me reí tan fuerte que me dio una cachetada con cara de enojada y un poco de risueña.

—No te rías idiota. Es serio. Leerlo me hizo sentir miedo de que vos seas un reflejo de un espejo en mi pecera.

—¿Vos crees que un reflejo te puede abrazar así de fuerte? — Le pregunté mientras la apretujeaba con los brazos y le daba un beso.

—Supongo que no.— me dijo sonriente. —Es que con vos dejo de estar triste y es justo lo que le pasa al pez cuando ponen el espejo.

—No me gusta verte triste, ¿si hago el desayuno vas a dejar de estar triste por la boludés de que yo pueda llegar a ser un reflejo?

—Bueno. — me dijo poniendo cara de niña chica y acurrucándose en el acolchado.

Le di el último beso antes de levantarme y me senté en la cama para calzarme e ir a la cocina. Abrí la puerta del cuarto con mis santas pelotas y entró una corriente de aire que hace que la ventana del cuarto se golpee contra el ropero, donde estaba el espejo colgado. Por el golpe, el espejo se cayó y se hizo mierda contra el piso.

Yo todavía mirando la puerta con cara de culpa, y un poco para romperle los huevos a ella le dije: — Ves, el espejo se hizo mierda y yo sigo acá. — pero desde la cama, ahora vacía, nadie respondió.

Viajar

Viajar es exprimir las horas del día, es gastar todos los músculos hasta que no den más.

Hace años que quiero escribir sobre esto, pero es difícil no sentir que estoy escribiendo algo que alguien ya escribió, algo que otro ya sintió. Ni que esto alguna vez haya logrado detenerme…

De niño con mis padres, de vacaciones, viajábamos en verano unos trescientos kilómetros a la playa. Mi viejo iba a pescar todos los días, sin falta. Yo lo acompañaba a veces a él y otras iba con mi vieja y mis hermanos a la playa. Estrujábamos los días hasta la última gota de arena y sol. A la noche, a pesar de estar todos ya sin fuerza, no sé como, pero nos fabricábamos un resto de energía para hacer algún espectáculo con disfraces improvisados hasta finalmente apagarnos para prendernos al otro día.

Cuando viajamos, es como si estuviéramos más conscientes. Prestamos atención más allá de nuestra capacidad, nos quedan grabados hasta los detalles más diminutos, y hay sensaciones y recuerdos que no se van a desprender nunca.

De muy joven, viajé por amor. Hice tres mil kilómetros en mi auto solo por querer ver a alguien que amaba durante dos días y medio. Hay una diferencia enorme entre viajar a lugares y viajar a personas. Cuando viajas a personas no te queda en la retina un paisaje hermoso, un edificio demencial o un picaporte curioso. Recordás todo lo que hiciste con la persona a la que viajaste. Sí, todo. Desde el primer abrazo, hasta sacarse una foto a los pies en la plaza de un pueblo que no recuerdo ni el nombre. Es como que los recuerdos se vuelven sentimientos con imágenes, que cuando te acordás sentís todo otra vez.

Viajando estoy un poco más loco de lo normal, todo lo que sea aventura me imanta, se prende un fuego adentro mío que cambia todas las desgracias por oportunidades. Es como que me vuelvo inconscientemente mucho más vivo.

Hace ya como tres años viajé solo por primera vez. Fui a Alemania. Me perdí en Frankfurt, en Heidelberg y en Köln. Pero cuando digo que me perdí no es metáfora. Me perdí de verdad, caminé, tomé trenes y subtes para donde no era. Sin mapa ni internet en el celular. Me obligué a preguntar, a meterme en la ciudad de la forma más real posible, viví lo que los caminos turísticos marcados en los mapas no te muestran y siempre con un dejo de nerviosismo en la nuca. Ese nerviosismo grabó los recuerdos del viaje de una forma mucho más nítida.

Recuerdo el sentimiento de nerviosismo cuando casi no llego a tomar el último tren en Heidelberg, o cuando subió un inspector a un subte en Köln y le tuve que letrear, explicando por qué no tenía ticket correcto, ya que había tomado el subte para el otro lado. Hacía esas cosas de forma consciente y siempre con el mismo pensamiento en la cabeza: “¿qué carajo estás haciendo Gastón?” y siempre con la misma respuesta: “Estoy fabricando tremenda anécdota”. Lo mismo me pasó al colarme en una fiesta privada con un polaco y dos holandeses en Sao Paulo y cuando tomé un avión a Los Ángeles en vez de a San Francisco desde el aeropuerto de Panamá.

Los viajes son como mini vidas que las parimos al partir y se mueren al volver. Y a veces, ya de nuevo en la rutina, incluso las dejamos en coma unos días antes de que mueran del todo.

Hace unos meses viajé con un amigo diecisiete días por Perú, Bolivia y Chile solo con una mochila al hombro. Fue uno de los mejores viajes de mi vida, conocí personas maravillosas y vi lugares impresionantes, todos los días tenían más horas de las que podíamos soportar, pero las soportamos. Al volver a casa, tuve como una inercia del viaje, durante un par de semanas, me sentía todavía continuara viajando. Los días duraban mucho y descubría detalles nuevos en lo que veinte días atrás había sido mi rutina. Era como si los problemas del pasado o del futuro no existieran, como si la mente se enfocara solo en el momento presente.

Cuando viajo no me sale no ser el yo real, es como que no tengo esa armadura que todos tenemos levantada normalmente. Porque claro, la vida del viaje es muy corta como para ser quien no soy. Así mismo viajar se siente como ser una persona totalmente diferente a la del día a día. Cuando viajamos, desgastamos nuestra vida al palo. Hacemos mil cosas que realmente queremos hacer por día, porque somos conscientes que el viaje se va a terminar y si el viaje que termina, esa vida que nació al partir muere.

Cuando parimos la vida que se va a ir de viaje, vivimos solo el presente y esperamos lo mejor del futuro sin siquiera pensar en él. Abrazamos nuestras locuras con valor, dejándonos ser nosotros mismos. Vivimos únicamente le momento, porque en el fondo sabemos que esa vida se va a morir cuando volvamos.

Viajando vivimos conscientes de que nos vamos a morir. Viajando tenemos mucho Carpe Diem en sangre.

Yo, viajando dejo que mi corazón sea el timón y mi mente apenas una herramienta. Viajando vivo el aquí y ahora. Viajando, estoy hecho de momentos entrelazados entre sí segundo tras segundo, haciendo que la vida sea más larga cada vez. Viajando no tengo que esperar al viernes para poder estar contento. Viajando soy feliz hasta tomando un café horrible cagándome de frío bajo lluvia, pero en la rutina puedo tomar el café más rico del mundo que no me va a dar felicidad, con suerte me va a despertar un poco.

Viajando, estar vivo es la recompensa. Dejamos de ser el burro detrás de la zanahoria.

¿No deberíamos vivir así todos los días entonces? ¿Y si empezamos a tomar el vivir como un viaje? ¿No estaría bueno estar más presentes? El viaje se nos puede terminar en cualquier momento. A nosotros o a nuestros compañeros de viaje. Y ahí sí que se nos va a cagar la fruta. Ahí sí que nos vamos a tener que meter el pasado, el futuro, la vergüenza, el orgullo y el ego bien de canto en el orto.

¡Hacha al Pecho!

Todas las personas nos van a decepcionar. Mucho o poco, pero lo van a hacer. Creamos unas expectativas maravillosas dentro de nuestra mente. Y cuando te descuidás, ¡pimba! ya uniste las expectativas al cariño.

Como si fuéramos imbéciles nos olvidamos que, las expectativas, las crea la mente y el cariño el corazón. ¡El corazón y la mente no van juntos loco! Uno bombea y el otro manda electricidad. ¡Es como querer mandar agua por un cable!

La semana pasada me hicieron acordar a la vez que me descuidé, se me mezcló todo esto y me morí un tiempo.

Literalmente me preguntaron “¿Alguna vez te decepcionó la persona que pensaste que nunca iba a hacerlo?” No precisó ni preguntarme cómo me sentí, que reviví todo al instante, se me tensaron los músculos de los brazos y no podía abrir las manos.

Luego me preguntaron, si más bien me dolió o me enojó. Le respondí literal: “Sentí que caminaba con una daga clavada en el estómago. Pasé desde estados de ira hasta una depresión profunda, del llanto al enojo constante. A veces se sentía como que me estuvieran desgarrando el pecho vivo.” Ahora me doy cuenta de que me faltó contarle que a veces, me despertaba soñando que yo mismo, pero en tercera persona, me daba un hachazo en el pecho, o que cuando estaba peor, sentía como que un demonio, cagándose de risa, salía de la tierra y cuál Freddy Krueger me clavaba las garras ardiendo desde el estómago hasta el medio del pecho.

Pero ahora le presté más atención a la pregunta y me doy cuenta de que no existe. Sí, no existe. No puedo pensar que alguien nunca me va a decepcionar, lo que sí hago es querer que no me decepcione, se vuelve emocional en vez de racional, entonces confundo la decepción con traición. Y la metáfora más usada en el mundo para la traición es un puñal por la espalda. Y así es como se siente.

Esto da miedo. Que según el primer resultado que me tira google cuando busco la palabra miedo, este sería una “sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario”. Y según Wikipedia, la angustia es una “sensación de opresión en el pecho o de falta de aire”.

Entonces viviendo en ese tornado de pensamientos, emociones y miedo, me convertí en un albañil y en un lavaplatos nuevo en un restaurante medio pelo, levantando muros de orgullo al pedo y haciéndole pagar los platos rotos a otras personas.

Pero no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, ni que por bien no venga.

De dos formas superé ese miedo en mi corta vida. La primera fue darme cuenta de lo que me pasaba (que no es fácil, porque darse cuenta duele), y hacer algo para solucionarlo, ya sea renunciar a lo que me hacía mal o cambiar la rutina. Ahí pasé de albañil a demoledor y de lavaplatos a… bueh, se entendió… me encargué de pagar yo por los platos.

La otra forma no tuvo que ver conmigo, al menos no directamente. Ligué, en el momento no me di cuenta, pero qué suerte que tuve de que aparezca alguien incansable en mi vida. Me tocó que me rescaten, si a mí que siempre me creí que podía con todo. Hay personas incansables, que van por la vida demoliendo muros y pagando platos rotos con una sonrisa, insisten e insisten e insisten, no se van y siempre te están esperando ahí con esa sonrisa. No les importa que los ignores, que los desplantes, los lastimes o que te enojes con ellos hasta cuando te intentaron ayudar. Es como que le hayan pegado dos tiros al ego y al orgullo… Como si estuvieran ahí presentes con una mirada que habla más que ellos. Hasta que, cuando querés acordar, te están agarrando la mano, ayudando a levantarte del piso y ahí, a partir de ese instante, aquel miedo lo ves lejano y hasta ajeno.

La verdadera magia está en transformarse en estos incansables, está en ver que, cuanto más oscuro ves del otro lado, más birllás vos para iluminar, cuanto más difícil es romper un muro, más fuerzas tenés, cuanto más se alejan, más nos acercamos, cuanto más solos se sientan, más fuerte vamos a gritar acá estoy, cuanto más te putean, más les sonreímos, cuanto más nos hieren, más les decimos que no son ellos quienes nos hieren sino su propio dolor. Pero esto es acompañar, es estar, es mostrar una luz prendida en un sótano, es la valentía de sonreír a la adversidad y sobre todo es valorar las cicatrices propias. Ser incansable es estar un poco loco, es estar aquí y ahora, aunque sea para alguien que después elija irse.