Keymaster

Solo hay una cosa que me gusta más que hacer un viaje, y es hacer un viaje medio improvisado. De esos que tiras una moneda de diez pesos al aire antes de comprar el pasaje y pensas “si sale escudo no voy nada, pero si sale puma, compro el pasaje ya”. Recuerdo tirar la moneda y comprar el pasaje sin ver qué cara de la moneda salió.

A veces necesito la opinión de alguien para darme cuenta realmente de lo que yo quiero. Antes de que la moneda dijera nada, yo estaba indeciso. Fue al tirarla para darme cuenta que lo que yo realmente quería que saliera era puma.

Como cuando le daba una patada en el culo a mi hermano chico para que entre a la piscina, como gato al tirar algo de arriba del mueble, el puma me estaba empujando a viajar.

Así terminé escribiendo esto a las dos de la madrugada en este aeropuerto rodeado de lluvia y rayos en el cual, cada una hora anuncian que mi vuelo se retrasa una hora más.

No tenía sueño, estaba ansioso, mi alma ya estaba allá con ella esperándome hacía una semana. Ya había recorrido toda la ciudad, pero mi cuerpo seguía haciendo la rutina de casa al trabajo y del trabajo a casa. Mientras tanto yo sigo sentado en el aeropuerto escuchando rayos y vuelos retrasados por altoparlante y mi celular con poca batería, ya medio muerto colgando de un enchufe.

No sé cómo te metiste en mi pecho. Me pongo a recordarte en imágenes y me acuerdo de tus hombros, tus manos, tu sonrisa y tu cara cuando te decía que eras una niña, esa cara entre enojo y un “que me estás diciendo”. Tengo la imagen clara de nosotros tomando café en la cocina, vos sentada en el piso y yo comiendo galletitas. Recuerdo particularmente que me digas “Fuck you” por el tema de los pingüinos y que te rieras de las bobadas que yo te decía. Me acuerdo de tu mirada cuando yo te leía este cuaderno, pero sobre todo me acuerdo de tus ojos cuando vos terminaste de leer el tuyo.

No sé cómo te metiste en mi pecho. Me pongo a recordar nuestras conversaciones, porque ambos seguimos escribiendo y nos tradujimos todo el uno al otro. De a poco te fui dando un libro en inglés de todo mi historial emocional. Al punto de que vos te diste cuenta antes que yo de que vos me gustabas, me lo dijiste con una suavidad que no te caracteriza.

Nos dimos los nombres de nuestro libros y al explicarnos los significados, me di cuenta de que los dos veíamos en el otro la persona que queremos ser, y tanto a vos como a mí nos encanta, porque nos empuja de a poco a serlo.

Capaz que fue la forma en la que me dijiste cosas de vos y me invitaste a que el resto las averigüe por mí mismo. Puede que haya sido también en el momento en el que dijiste “Du fehlst mir”. O cuando me dijiste que estabas pensando en mí, o cuando me dijiste que yo era algo de lo que te querías llevar a tu casa desde Sudamérica.

La verdad es que no sé cómo te me metiste en mi corazón, pero lo hiciste. De alguna forma vos solita abriste la puerta. Ahora vas a poder entrar y salir cuando quieras, porque tienes llave.

¿Por qué será que pudiste entrar? te juro que yo la había cerrado bien la última vez que alguien salió. Chequeé que estuviera con llave, que el gas estuviera cerrado y la televisión apagada. Las luces también. Estoy seguro que cerré.

Creo que venias con la llave sin darte cuenta. Esas cosas que decís que a nadie le gustarían, esos arranques que tenes un poco agresivos, incisivos. Ese caprichismo que tenes que aunque no estoy hecho de azúcar, a mí me derrite.

Creo no saber qué es lo que tenes, hasta que me haces reír con los ojos. A veces lo veo venir y no lo puedo evitar, otras veces, me agarras desprevenido y me dan unas ganas de abrazarte…

Cambie mi forma de escribir solo para poder traducirte lo que escribo con más facilidad, y sin embargo me encuentro a mi mismo, a veces escribiendo difícil para que solo yo pueda entenderlo, porque en realidad a mí siempre me da vergüenza compartir lo que escribo. Creo que a veces escribo solo para arráncame la vergüenza.

Ya son las 4 am y el cerebro está apagado hace rato, yo sigo escribiendo porque creo que hoy cuando te fuiste a dormir, dejaste la puerta abierta sobre este papel.

Wo bist du Kid?

Yo que busco ponerle un poco de magia a lo cotidiano, desde Hamburgo vino magia a meterse en mi cotidianidad.

Les voy a contar una historia como si les estuviera hablando a ustedes directamente, pero con ella a mi derecha. Ella no habla español, así que cuando le hable a ella le voy a hablar en inglés. I just told them that I’m gonna tell them a story as if you were sitting next to me, so I’m gonna just tell them the story in Spanish and I’ll change to English (and maybe a little bit of German) when I speak to you.

Fui al Fin del Mundo junto con alguien con quien estoy dispuesto a cruzar el infierno descalzo solo para hacer un asado. Ushuaia es un lugar donde casi no se ve el horizonte, siempre hay montañas en el retrovisor y más montañas en el camino.

Creo que fui hasta el Fin del Mundo para soltar algo. Porque así como las puertas son salidas y también entradas, parece que, sospechándolo pero sin saberlo, fui al Fin del Mundo a buscar un principio. No solo andábamos sin buscarnos, sino que ni idea teníamos que nos íbamos a encontrar y menos sabíamos todavía que nos íbamos a contar cosas que probablemente nunca nadie más las escuche de nuestra boca. Because as we spoke, it wasn’t by chance or by luck, it was fate, it was the Universe, it’s like it is for kids: Magic…

Recuerdo casi perfecto la primera vez que la vi en la cocina del hostel, ella estaba escribiendo algo en su cuaderno mientras yo escribía algo en el mío, en ese momento yo escribí las primeras dos oraciones del cuarto párrafo de este texto. Me llené de curiosidad y me pregunté: -¿sobre qué estaría escribiendo esta desconocida? If someone had told me at that very moment that we were going to share a cup of coffee in the kitchen of a small house a block from the beach in Uruguay I wouldn’t believe it.

En nuestra última noche en el Principio del Mundo, la encontré en el living del hostel escuchando música. Today I suppose you were listening to AnnenMayKantrereit. Cuando digo que la encontré es porque apareció tras prender la luz. Había entrado, estaba oscuro y ni la había visto, ella apareció junto con la luz, lo primero que hizo fue reírse, supuse en aquel momento que fue por mi cara de sorprendido. Para romper el silencio y mi cara de tarado le pregunté si era maga por su aparición de la nada. After that I tried to convince you to do the Penguins tour with Piratour so you could see them “face to face”… Why would you want to see a bird that doesn’t even fly? They are black and white, those fucking birds doesn’t even have nice colors. They are not cute at all and they spend their entire life with the same other penguin… I still remember your answer: – Fuck you!- Dann hat sie ihre Mutter gefragt, was sie tun würde. That was the first time I made fun of you telling you that you were a kid.

Esa noche, ella dijo que quizás de camino a Brasil pasaría por Uruguay, entonces intercambiamos cuentas de Instagram, quedamos en contacto y si podía le iba a mostrar algo de Montevideo.

Así fue que un tiempo después me encontré esperándola en Tres Cruces, estaba nervioso, el corazón me latía fuerte, pero no tenía ni puta idea por qué. Y yo que siempre rompo los huevos con que “Donde te lata fuerte el corazón, es ahí”, lo único que hacía era darme una razón para convencerme de seguir por ese camino.

Le mostré Montevideo desde la Ciudad Vieja hasta la Intendencia, hasta el Parque Rodó y de ahí a la Rambla. Fue como caminar de nuevo de forma cronológica desde que arranqué a laburar hasta hoy, mostrándole plazas me fui acordando de todas las personas que alguna vez esperé después del trabajo y otras que alguna vez me esperaron que salga. And without even knowing it I was giving you a tour through Montevideo and also through all my scars.

Al otro día tocó conocer alguna playa, hacer un asado, dormir una siesta al Sol mientras ella leía y ver un atardecer de esos en los que el Sol va zambulléndose en el mar hasta desaparecer. Después de que el Sol se fue, el viento estaba congelado, así que volvimos e hicimos un café, yo la arranqué a molestar diciendo que ella era una niña por su forma de argumentar, por cómo metía cosas en el carro del supermercado y por sus expresiones… I was eating cookies and messing with you saying that you are a kid just because of the same reasons I say I’m still a kid, still a collector of coincidences.

No recuerdo qué estaba buscando en mi mochila cuando terminé con mi cuaderno en la mano y le conté que escribía en un blog, en seguida abrió los ojos con la curiosidad de una niña a la que le traduje en voz alta las quince páginas de los pensamientos y sentires que había escrito durante el viaje. I translated to you the whole notebook, but I remember we stopped in a particular phrase “I won’t let fear guide my steps”.

Después ella fue a buscar su cuaderno y me tradujo en voz alta todo lo que escribió en sus dos meses de viaje y se detuvo especialmente en el último texto, el que yo la vi escribiendo en Ushuaia en la cocina del Hostel. After you translated me that last text with glassy eyes I recognized we had let go the same wound in the End of the World, and also with glassy eyes I told you about my wound.

Los dos con ojos vidriosos and a smile on our face nos abrazamos and since that moment, esa herida we talked about, esa que había arrancado a sanarse in the Beginning of the World se terminó de convertir en cicatriz.

Viajar

Viajar es exprimir las horas del día, es gastar todos los músculos hasta que no den más.

Hace años que quiero escribir sobre esto, pero es difícil no sentir que estoy escribiendo algo que alguien ya escribió, algo que otro ya sintió. Ni que esto alguna vez haya logrado detenerme…

De niño con mis padres, de vacaciones, viajábamos en verano unos trescientos kilómetros a la playa. Mi viejo iba a pescar todos los días, sin falta. Yo lo acompañaba a veces a él y otras iba con mi vieja y mis hermanos a la playa. Estrujábamos los días hasta la última gota de arena y sol. A la noche, a pesar de estar todos ya sin fuerza, no sé como, pero nos fabricábamos un resto de energía para hacer algún espectáculo con disfraces improvisados hasta finalmente apagarnos para prendernos al otro día.

Cuando viajamos, es como si estuviéramos más conscientes. Prestamos atención más allá de nuestra capacidad, nos quedan grabados hasta los detalles más diminutos, y hay sensaciones y recuerdos que no se van a desprender nunca.

De muy joven, viajé por amor. Hice tres mil kilómetros en mi auto solo por querer ver a alguien que amaba durante dos días y medio. Hay una diferencia enorme entre viajar a lugares y viajar a personas. Cuando viajas a personas no te queda en la retina un paisaje hermoso, un edificio demencial o un picaporte curioso. Recordás todo lo que hiciste con la persona a la que viajaste. Sí, todo. Desde el primer abrazo, hasta sacarse una foto a los pies en la plaza de un pueblo que no recuerdo ni el nombre. Es como que los recuerdos se vuelven sentimientos con imágenes, que cuando te acordás sentís todo otra vez.

Viajando estoy un poco más loco de lo normal, todo lo que sea aventura me imanta, se prende un fuego adentro mío que cambia todas las desgracias por oportunidades. Es como que me vuelvo inconscientemente mucho más vivo.

Hace ya como tres años viajé solo por primera vez. Fui a Alemania. Me perdí en Frankfurt, en Heidelberg y en Köln. Pero cuando digo que me perdí no es metáfora. Me perdí de verdad, caminé, tomé trenes y subtes para donde no era. Sin mapa ni internet en el celular. Me obligué a preguntar, a meterme en la ciudad de la forma más real posible, viví lo que los caminos turísticos marcados en los mapas no te muestran y siempre con un dejo de nerviosismo en la nuca. Ese nerviosismo grabó los recuerdos del viaje de una forma mucho más nítida.

Recuerdo el sentimiento de nerviosismo cuando casi no llego a tomar el último tren en Heidelberg, o cuando subió un inspector a un subte en Köln y le tuve que letrear, explicando por qué no tenía ticket correcto, ya que había tomado el subte para el otro lado. Hacía esas cosas de forma consciente y siempre con el mismo pensamiento en la cabeza: “¿qué carajo estás haciendo Gastón?” y siempre con la misma respuesta: “Estoy fabricando tremenda anécdota”. Lo mismo me pasó al colarme en una fiesta privada con un polaco y dos holandeses en Sao Paulo y cuando tomé un avión a Los Ángeles en vez de a San Francisco desde el aeropuerto de Panamá.

Los viajes son como mini vidas que las parimos al partir y se mueren al volver. Y a veces, ya de nuevo en la rutina, incluso las dejamos en coma unos días antes de que mueran del todo.

Hace unos meses viajé con un amigo diecisiete días por Perú, Bolivia y Chile solo con una mochila al hombro. Fue uno de los mejores viajes de mi vida, conocí personas maravillosas y vi lugares impresionantes, todos los días tenían más horas de las que podíamos soportar, pero las soportamos. Al volver a casa, tuve como una inercia del viaje, durante un par de semanas, me sentía todavía continuara viajando. Los días duraban mucho y descubría detalles nuevos en lo que veinte días atrás había sido mi rutina. Era como si los problemas del pasado o del futuro no existieran, como si la mente se enfocara solo en el momento presente.

Cuando viajo no me sale no ser el yo real, es como que no tengo esa armadura que todos tenemos levantada normalmente. Porque claro, la vida del viaje es muy corta como para ser quien no soy. Así mismo viajar se siente como ser una persona totalmente diferente a la del día a día. Cuando viajamos, desgastamos nuestra vida al palo. Hacemos mil cosas que realmente queremos hacer por día, porque somos conscientes que el viaje se va a terminar y si el viaje que termina, esa vida que nació al partir muere.

Cuando parimos la vida que se va a ir de viaje, vivimos solo el presente y esperamos lo mejor del futuro sin siquiera pensar en él. Abrazamos nuestras locuras con valor, dejándonos ser nosotros mismos. Vivimos únicamente le momento, porque en el fondo sabemos que esa vida se va a morir cuando volvamos.

Viajando vivimos conscientes de que nos vamos a morir. Viajando tenemos mucho Carpe Diem en sangre.

Yo, viajando dejo que mi corazón sea el timón y mi mente apenas una herramienta. Viajando vivo el aquí y ahora. Viajando, estoy hecho de momentos entrelazados entre sí segundo tras segundo, haciendo que la vida sea más larga cada vez. Viajando no tengo que esperar al viernes para poder estar contento. Viajando soy feliz hasta tomando un café horrible cagándome de frío bajo lluvia, pero en la rutina puedo tomar el café más rico del mundo que no me va a dar felicidad, con suerte me va a despertar un poco.

Viajando, estar vivo es la recompensa. Dejamos de ser el burro detrás de la zanahoria.

¿No deberíamos vivir así todos los días entonces? ¿Y si empezamos a tomar el vivir como un viaje? ¿No estaría bueno estar más presentes? El viaje se nos puede terminar en cualquier momento. A nosotros o a nuestros compañeros de viaje. Y ahí sí que se nos va a cagar la fruta. Ahí sí que nos vamos a tener que meter el pasado, el futuro, la vergüenza, el orgullo y el ego bien de canto en el orto.